Según explica la psicóloga y neuroeducadora María Couso, el término nativo digital lo creó el pedagogo americano Marc Prensky, quien defendía que todo bebé, en la actualidad, y desde hace un par de décadas, nace ya con capacidades dirigidas a la digitalización.
Según la misma autora, esto es un mito, una invención social, pues según las últimas investigaciones, nuestro cerebro humano no ha cambiado desde los últimos 50.000 años.
En el salón de su casa, un niño pequeño observa cómo sus padres interactúan constantemente con teléfonos inteligentes y ordenadores. Los adultos, maravillados por la aparente destreza del menor al manejar dispositivos táctiles desde una edad muy temprana, asumen de manera natural que domina la tecnología de forma innata y que comprende su funcionamiento por haber nacido en la era digital.
Se etiqueta al menor como "nativo digital" bajo la creencia preconcebida de que, por el simple hecho de haber nacido rodeado de pantallas, posee una habilidad intuitiva, transversal y avanzada para la tecnología. Esto lleva a menudo a los adultos a sobreestimar su capacidad crítica y a descuidar la alfabetización digital formal, asumiendo que el niño sabe navegar con seguridad, discernir contenidos fiables o comprender los riesgos en línea sin necesidad de una guía educativa.
Los menores desarrollan una habilidad meramente instrumental e intuitiva para interactuar con interfaces gráficas diseñadas específicamente para ser sencillas y visuales, no una competencia tecnológica real. Manejan el dispositivo por consumo pasivo, pero carecen de comprensión sobre cómo funciona la tecnología, cómo proteger su privacidad, cómo evaluar la veracidad de la información o cómo resolver problemas técnicos complejos. Confundir la familiaridad con el uso de pantallas con la verdadera competencia digital deja a los menores desprotegidos frente a los riesgos del entorno digital.