
El cerebro del niño menor de 2 años no puede trasladar el conocimiento bidimensional de una pantalla al mundo tridimensional. Las pantallas emiten estímulos hiperrealistas que pueden causar una sobreexcitación del sistema de dopamina, reduciendo la capacidad de atención sostenida y frustrando al niño cuando el mundo real no se mueve tan rápido.
Como dice la pedagogay neuroeducadora María Couso: "Recordemos que el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla es un tiempo que se le resta de estar expuesto a la estimulación que necesita, una estimulación en un entorno real y que genere impacto de manera manipulativa, no virtual"
Sofía, madre de un bebé de 14 meses, se siente abrumada por las tareas domésticas y recurre a una popular aplicación de YouTube Kids titulada "Baby Genius: Estimulación temprana y colores" en la tableta. El vídeo muestra dibujos animados muy brillantes que cambian de color y de escena cada dos segundos, acompañados de una voz en off alegre que repite palabras en inglés y español. Sofía cree firmemente que, mientras prepara la comida, su hijo está aprovechando el tiempo para aprender vocabulario y estimular su intelecto de manera avanzada.
El mito se manifiesta en la suposición de que el bebé está "absorbiendo conocimientos" de forma pasiva por el simple hecho de estar expuesto a contenidos etiquetados como educativos o didácticos. Se asume que la estimulación visual y auditiva que emite la pantalla es equivalente o superior a la interacción humana, y que el niño está aprendiendo activamente los colores y las palabras que el dispositivo repite de manera automatizada.
Desde la perspectiva de la neurociencia y el desarrollo infantil, el bebé no está procesando un aprendizaje real, sino experimentando una sobrecarga sensorial artificial. Al tratarse de una pantalla bidimensional, el cerebro del niño no puede transferir esos colores o palabras a su entorno físico (déficit de transferencia). Además, los cortes de escena vertiginosos secuestran su atención inmadura y saturan sus circuitos de dopamina. En lugar de desarrollar su intelecto, el menor está perdiendo un tiempo valioso de exploración manipulativa y de interacción social recíproca con su madre, que son los únicos estímulos reales que construyen las conexiones neuronales en esta etapa.

Alerta sobre el estrés crónico que genera la tecnología en cerebros inmaduros.